Rita Brañas
Buenos Aires
ARGENTINA
Algún día
Mientras transita las atestadas aceras de Buenos Aires, aquella mujer se pregunta
si algún día habrá alguien que la escuche y descubra
así, lo que realmente ocurre en su interior.
Que extraño es todo, por momentos siento que no estoy en este lugar
y a los diez segundos me doy cuenta que sigo estando.
Es tres de marzo y Raquel se prepara para la entrevista que puede solucionar
su situación económica.
_ Por favor, Luisa, si alguien me busca, ¿puede tomar el mensaje?
_ Por supuesto, vaya tranquila.
_ Gracias.
Raquel se dirige raudamente en busca de un medio que la traslade hasta el
lugar de la audiencia.
_ Buen día, soy Raquel Puertas, el Señor Ferraro me espera.
_ Un momento, ya la anuncio.
_ Gracias.
_ Adelante, pase.
_ Buen día , ¿señor Ferraro?
_ El mismo. Buen día, tome asiento. Leí su currículum
y me ha impresionado. Necesito una persona eficiente que pueda acompañarme
en mis viajes de negocios, y creo que es usted la indicada. El próximo
lunes partimos a Perú.
La mañana es fría, a pesar de ser un día de marzo. Raquel, nerviosa, llega al aeropuerto donde comenzará su nuevo trabajo, sin saber que también viviría la experiencia más extraña de su vida.
_ Hola Raquel
_ ¡Buen día señor Ferraro!
_ Llámeme Raúl. ¿Le gusta volar?
_ Realmente no lo sé, es la primera vez que lo hago.
_ Los motores comienzan a impulsar el avión y éste empieza a
elevarse... ¿Cómo se siente Raquel?
_ Muy bien, me gusta esto. ¡Mire que vista estupenda!
Raquel disfrutaba el deslizar del avión entre un cielo colmado de nubes
blancas
como copos de algodón, que el sol acaricia mágicamente; hasta
que allí debajo, apareció el majestuoso Machú- Pichu.
Su cumbre rodeada por un anillo de nubes.
_ ¡Mire Raúl, qué imponente!
_ ¡Sí, es increíble! A propósito Raquel, hoy tenemos
una reunión muy importante con un grupo de inversores americanos. Ellos
eligieron Perú como punto de encuentro, están
investigando el mercado sudamericano para sus inversiones. Debe estar muy
atenta, este encuentro es fundamental para nuestra empresa.
_ Así lo haré.
_ Nos hospedaremos en el hotel “Puesta del Sol”, es un lugar muy
confortable y se encuentra cerca del lugar de reunión con los americanos.
Nos esperan a las dos de la tarde, la espero media hora antes en la recepción.
_ Muy bien señor Ferraro.
_ Llámeme Raúl.
Como lo habían acordado, Raquel espera a su jefe en el hotel con el
nerviosismo propio de quien comienza una nueva labor.
_ Ya está aquí, muy bien, adoro la puntualidad. ¿Vamos?.
La reunión transcurre en un clima favorable para las expectativas de
Raúl.
_ ¡Raquel la felicito, es usted maravillosa!. Se desempeñó
muy bien ante los americanos, sumando puntos para nuestra empresa. Mañana
tendremos la definición, estoy seguro que Guayaquil tendrá nuevos
y ricos inversores. La dejo en libertad hasta mañana, disfrute de Perú.
_ Gracias Raúl.
Más tranquila, comienza a recorrer las antiguas calles de Lima, y rápidamente
se siente atraída por hermosos tejidos de vicuña, laboriosos
trabajos de alfarería y las coloridas mantas, que exhiben las ferias
artesanales callejeras. Sin embargo, lo que realmente atrapa la visión
de Raquel es un artesano de tez morena, delgado, con el cabello negro y largo.
Las arrugas de su rostro, surcadas por el sol, le imprimían cierto
aire místico. El hombre extiende su mano y le ofrece un anillo. Raquel
lo mira extrañada y le pregunta cuál es su nombre.
_ Atahualpa.
_ ¿Por qué Atahualpa?
_ Mis padres así me llamaron en homenaje a Atahualpa, el gran jefe
Inca. ¿Conoce la historia?
_ Algo, no mucho. Tengo entendido que fue ejecutado por los conquistadores,
luego de que su pueblo entregara dos habitaciones repletas de riquezas para
su rescate.
_ Precisamente: el tesoro de Cajamarca.
_ ¿Cuál es el significado del anillo que me ofreció al
llegar?.
_ El anillo perteneció a una mujer que fue muy respetada aquí,
era una bruja blanca.
_ ¿Cómo es eso?.
_ Significa que sus conocimientos los utilizaba para el bien de sus semejantes.
_ ¿Cómo se llamaba?
_ Chelín, vivía en los cerros cerca del río Urubamba.
_ Cuénteme cómo era ella.
_ Tez blanca, cabello oscuro ondulado, delgada, de pequeña estatura,
de modales suaves y trato gentil.
_ ¿De qué color eran sus ojos?
Ámbar.
_ ¿Vivía sola?.
_ Sí.
_ ¿Ella no era nativa, verdad?
_ Mestiza, su padre fue un conquistador y su madre inca. La fusión
de estás dos culturas hicieron que prendiera en ella la mística
Inca y la Celta, que heredaran los españoles.
_ ¡Ah! Es por eso lo de bruja blanca.
_ Sí, Chelín disfrutaba de una percepción muy especial.
_ ¡Cuénteme por favor!
_ Bueno, decían que en sus manos se hallaba la llave de la salud. Ella
sólo tenía que ver a una persona para decirle cuál era
su problema. Intuitivamente aprendió a realizar remedios caseros, que
luego aplicaba en sus pacientes con mucho éxito. Chelín siempre
se mostraba atenta a las necesidades de todos los habitantes del pueblo.
Raquel quedó en silencio, mirando el anillo sobre su palma.
_ Le contaré una anécdota. Al parecer, cierto día andaba
paseando por el cerro, cuando vio pasar a un caballo desbocado, montado por
un joven, que tras la alocada carrera perdió el equilibrio y cayó
al suelo, con tan mala suerte que su cabeza pegó en una piedra. El
muchacho perdió el conocimiento, y sus padres, desconsolados se lamentaban,
ya que no daba señales de vida. Cuentan que ella se acercó y
tomó la cabeza del joven entre sus manos, mientras repetía un
cántico que sólo ella conocía. A las pocas horas el muchacho
abrió los ojos y la vida volvió a su rostro.
_ ¿Cuál es el lugar donde vivió esta mujer?
_ Se encuentra alejado, sólo se llega a lomo de mula. Es en el camino
a Machu- Pichu
Raquel sentía un deseo irrefrenable por estar allí, había
algo de toda esa historia que la atraía poderosamente.
_ ¿Cómo puedo llegar a ese lugar?.
_ Yo puedo guiarla, pero tenemos que salir al amanecer, el camino es muy largo.
Raquel siente que no ha de ser posible, ya que al día siguiente debe
estar nuevamente en la junta con los americanos. Apenada, se despide de Atahualpa
y regresa al hotel. Por la mañana la despierta el timbre del teléfono,
es Raúl que la invita a desayunar.
_ Buen día Raquel, ¿cómo paso su primer día en
Perú?.
_ Muy bien.
_ Me alegro mucho. Recuerde que hoy tenemos el almuerzo con los inversionistas.
_ ¿Como olvidarlo?, estamos aquí por eso mismo, aunque mi deseo
sea recorrer el lugar.
_ Lo es también el mío - Luego de desayunar.
Acuerdan brevemente el horario a encontrarse, mientras Raúl le trasmite
algunas indicaciones.
Raquel viste un elegante traje blanco para el almuerzo, que realza su esbelta
figura. Al verla Raúl comenta:
_ Cuando lleguemos al almuerzo los americanos quedarán sin palabras
al verla.
_ Qué galante, muchas gracias.
_ Es verdad, está usted hermosa.
Buenos días, señor Ferraro, señorita Raquel: tomen asiento
por favor. Hemos evaluado los pormenores de lo conversado ayer y llegamos
a la conclusión que Guayaquil es la empresa donde queremos realizar
nuestra inversión. En quince días estaremos en Buenos Aires
para cerrar la negociación. Bueno, sin más que decir por ahora,
disfrutemos del almuerzo.
Raquel y Raúl se miraron colmados de alegría. Luego de la comida,
deciden caminar por las calles de Lima. Raquel recuerda la plaza donde conoció
a Atahualpa y decide volver con Raúl.
_ Mire, esta es la feria donde estuve ayer por la tarde, aquí conocí
a Atahualpa, un artesano que me contó una interesante historia acerca
de una mujer que vivió hace mucho tiempo aquí en Perú.
Precisamente allí está Atahualpa.
Ambos caminan al encuentro del artesano.
_ Buenas tardes.
_ Buenas tardes, ¿viene a hacer los arreglos para el viaje?.
_ ¿Qué viaje?. -Pregunta Raúl-.
_ El puede guiarme hasta el lugar donde vivía Chelín, la mujer
que le nombré.
Lamentablemente, Atahualpa, tendrá que disculparme pero no podré
hacer el viaje, tenemos que regresar a Buenos Aires.
_ ¿Quién dijo tal cosa?, hace años quiero conocer Machu
Pichu y esta es la mejor oportunidad.
_ ¿A qué hora salimos?
_ A las seis de la mañana.
Al día siguiente los tres parten rumbo a la casa donde vivió
Chelín. El trayecto es largo pero pintoresco, y tras varias horas,
llegan a destino.
Raquel no puede creer lo que experimenta, es como si todo su cuerpo se hubiera
erizado, mientras permanece en silencio frente a la propiedad y observa cada
detalle. De pronto comienza a hablar, y a describir el interior de la casa.
_ Detrás de esa pared se encuentra el dormitorio, a la izquierda la
cocina, a la derecha otro cuarto. El dormitorio está pintado de rosa
colonial oscuro, los marcos de las aberturas de la cocina son verde oscuro.
_ ¿Cómo sabe todo eso?. -Pregunta Raúl-
_ No sé cómo, pero simplemente lo sé.
Deciden entrar e inspeccionar el lugar, y al hacerlo, quedan sorprendidos:
todo está dispuesto exactamente como Raquel lo había descrito.
Como poseída, se separa de los dos hombres y comienza a recorrer la
estancia, mientras Raúl, inútilmente, intenta llamar su atención.
De pronto se dirige a la puerta posterior de la casa, sale y se lanza por
el camino que llega al pie del cerro. Se detiene al llegar a una formación
rocosa de gran tamaño.
_ ¡Es aquí donde Chelín realizaba sus trabajos de magia!
_ ¿Cómo lo sabe?.- pregunta Raúl, mientras Atahualpa
observa muy callado.
_ No sé, puedo verla con un largo vestido blanco, el cabello negro
recogido. Está parada en el centro de un círculo y en su mano
derecha sostiene una vara, con la que señala el suelo.
Raúl permaneció en silencio, luego de unos momentos comenta.
- Cuando viajé a España y visité Galicia, allí
me interesé mucho por la cultura
Celta, que si bien es originaria de Irlanda, los celtas habitaron durante
muchísimo tiempo gran parte de Europa Occidental, habiéndose
encontrado restos de su civilización en el sur de Francia y zonas del
norte de España.
_ Por lo que relata Raquel, indudablemente Chelín eligió este
lugar para efectuar un ritual Celta, si observamos el conjunto de piedras
el tamaño de ellas, el agua que corre más abajo. Seguramente
tendría un caldero encendido, logrando así los cuatro elementos
, tierra, agua, aire y fuego, además de los cuatro puntos cardinales,
con los que esta cultura invocaba a sus deidades. Generalmente tenían
un anillo con un símbolo determinado.
_ ¡Ahora comprendo! El día que conocí a Atahualpa, él
me ofreció un anillo que había pertenecido a Chelín.
¡Todo encaja!.
_ Así es.
_ ¿Atahualpa, cómo llego ese anillo a usted?
_ Mi familia lo recibió de generación en generación.
Clelia, mi tatarabuela, era la persona que la ayudaba en sus labores. Antes
de morir, Chelín le pidió a ella se encargue de conservar todo
lo que había logrado en ese lugar. Clelia lo intentó, pero con
Chelín murió definitivamente la magia. Así, es como lo
heredé.
_ A decir verdad, no parece cuidarlo muy bien
_ ¿Por qué dice eso?.
_ Cuando lo conocí en la feria, me ofreció el anillo, siendo
yo para usted, una completa desconocida.
_ Eso usted lo dice.
_ Explíquese.
_ Olvídelo.
_ No, no puedo hacerlo, todo esto es tan extraño y tan familiar a la
vez, ¿por que tantos interrogantes? Usted me oculta algo, que no puedo
descifrar.
_ Raquel, es sólo usted quien puede hacerlo.
_ ¿Pero como podría?
_ Medite en cada paso que dio al llegar a Perú, que sintió,
o que siente ahora.
Con la desolación en los ojos regresa, junto a Raúl, al hotel.
-Raquel, acabo de recibir un llamado y tengo que viajar urgente a Buenos Aires
lamento no poder realizar el viaje a Machu Pichu como deseaba y lamento tener
que dejarla en este momento tan especial para usted.
Esa noche es interminable para ella, por su cabeza pasan como una película
cada momento vivido en Perú. Cuando por fin logra conciliar el sueño,
sorpresivamente aparece frente a ella una mascara Inca con la boca grande
y abierta. Raquel retrocede y puede observar que quien la lleva es Atahualpa,
vestido con una túnica color crudo bordada en oro. De pronto se ve
así misma vistiendo también una túnica blanca que le
llega hasta los pies. Un escalofrío recorre todo su cuerpo, está
inmóvil, no puede articular palabra. Atahualpa y ella están
realizando una ceremonia dentro de un círculo trazado en la tierra,
donde hay flores blancas, copas de metal, una daga y velas rosadas. Todo esto
la perturba a tal punto que despierta agitada.
Al día siguiente decide volver a la feria donde conoció a Atahualpa.
_ ¿Qué la trae por aquí tan temprano?
_ Anoche soñé que ambos realizábamos una ceremonia.
_ ¿Una ceremonia?
_ Sí, y a pesar de su aparente asombro, sé que todo esto es
muy familiar para usted.
_ ¿Por qué lo dice?.
_ Porque no creo una palabra sobre esa historia de su tatarabuela, creo que
en todo esto hay algo más, que no se atreve a contarme.
_ Bueno, se lo diré. ¿Cree usted en la reencarnación?
_ Nunca lo pensé demasiado, mi formación religiosa es católica,
pero estoy abierta a otras creencias.
_ Bien, es verdad que usted y yo ya nos conocíamos, pero no en esta
vida. Tiene razón, nosotros solíamos realizar rituales juntos,
aquí mismo, en Perú. En ese tiempo mi nombre era Tolken y el
suyo Chelín, es por eso que cuando llegó a la propiedad la reconoció
rápidamente.
_ ¿Quién era usted?.
_ Su ayudante. Usted me enseño su magia.
_ Entonces tenia yo razón en no creer su historia, porque Clelia no
existió, pero sí Tolken.
_ Sí. Debo confesarle que por aquellos tiempos traicioné a Chelín.
_ ¿Cómo fue?.
_ Ella no estaba bien, su salud se encontraba resentida por la falta de descanso,
su accionar en ayuda por la gente era incesante. Un día llegó
a ella un anciano, pidiéndole que curase a su nieta que estaba muy
enferma de un extraño mal que se agudizaba aun más en luna llena.
_ ¿Qué le ocurría?.
_ Se sumía en un letargo, del cual sólo volvía al comenzar
la luna llena, para convertirse en la persona más violenta que jamás
haya visto. Chelín aceptó el desafió, prometiendo curar
a la niña. Al día siguiente, el anciano volvió con la
niña. Dos largas trenzas azabache caían sobre el pecho de la
criatura, cuyos ojos centelleantes se clavaron en Chelín.
_ Buen día, ¿Cómo te llamas?.
(No hubo respuesta.)
_ Sólo quiero saber tu nombre, el mío es Chelín.
La mirada de la niña se serena y contesta.
_ Mi nombre es Ketsal.
_ ¡Tienes el nombre de un ave, qué bello! Sólo las aves
pueden ver lo que los humanos no podemos.
Chelín se aleja y comienza a prepararse para el ritual. Todo estaba
dispuesto, sólo faltaba algo: el anillo, el cual era imprescindible,
ya que siempre lo utiliza en sus sanaciones. Pero el anillo no está,
ha desaparecido, y el anciano le ruega que por favor cure a su nieta. Chelín
mira los ojos lacrimosos del abuelo y acepta realizar el ritual sin su anillo.
Al termino del mismo, un agotamiento fatal parece consumirla. Débil,
me pide que la ayude, que realice sobre ella todo lo que me había enseñado;
y fue en ese momento cuando descubrí que la dueña de la magia
era ella. Aun con el anillo en mi poder, yo jamás podría hacer
lo que ella hacía.
_ Entonces, ¿quiere decir que usted le robó el anillo?.
_ Sí, la ambición y la envidia me impulsaron a hacerlo. Quería
tener el afecto y respeto que ella recibía de todos, creí que
su anillo me lo daría, pero lo que no sabía era que ese anillo
no le proporcionaba dones mágicos, sino protección. Esa fue
la última sanación de Chelín, luego enfermó gravemente
y en término de dos meses falleció.
En cuanto a mí no me alcanzaron las vidas vividas para pedir perdón.
Estuve esperando que volvieras, es por eso que cuando llegaste a la feria
mí corazón dio un vuelco y sólo pude atinar a devolverte
tu anillo. Es este, un pedido de perdón de siglos que ha golpeado mi
sangre día tras día en las vidas que recorrí esperando
que llegaras.