Lucía Landete
San Rafael
Mendoza
ARGENTINA
LA PUERTA
Caminando por Valle Grande, una tarde de suave olor a lluvia; de un sol tenue, agradable y luminoso. Mi curiosidad me llevó hacia unas rocas brillantes, que parecían contornear una puerta; me acerqué cautelosamente y… ¡Sí, efectivamente! Allí estaba, era apenas una sombra opaca que simulaba una puerta, estiré mi mano para tocarla y la superficie plana, se hundió junto a mi mano dejándola desaparecer en su interior.
- ¿Qué es esto?- Me pregunté.
Bastante asustada, saqué la mano de inmediato y pude observar que ella venía llena de pequeñas y chispeantes gotitas de agua. No entendía nada de lo que pasaba, el sol estaba guardando sus rayos cuando decidí llamar a Mary, una querida amiga que me estaba acompañando y que había quedado un poco lejos de mí.
- ¡Mary, ven a ver esto!- Le dije, pero Mary no contestaba.
Retrocedí un poco mi andar y no la encontraba, la llamé una y otra vez, pero Mary no estaba. El miedo invadía mi ser, ¿Qué estaba pasando en el lugar? Mary había desaparecido y yo perdida entre las montañas sin saber qué hacer.
El cielo se tornó rojizo y las nubes entre rosadas y grises ocultaban lentamente el sol. Decidí entonces regresar al camping, no sabía bien donde me encontraba, pero si bajaba la montaña me encontraría con la ruta y allí seguramente me ubicaría.
Caminé entonces hasta llegar a la calle, ya casi estaba oscuro, sólo quedaba un leve resplandor del cielo, que estaba dejando paso a la tímida luna y a unas luminosas estrellas, que aparecían surcando el firmamento.
Llegué hasta el camping casi corriendo, un tanto preocupada por Mary y otro por el miedo que me sobrepasaba.
- ¿Has visto a Mary, la señora que llegó conmigo?- Pregunté afligida al cuidador de la entrada.
- No señora, la vi salir con usted esta tarde pero ella aún no regresó- Dijo el hombre.
- ¿Usted estuvo acá todo el tiempo y no la vio regresar? – Le dije.
- Yo no me fui de acá en ningún momento y ella, no regresó- Dijo el hombre un tanto preocupado.
Buscamos a Mary por todo el camping, la noche comenzaba a entrar en escena con un cielo limpio, oscuro y lleno de titilantes estrellas; la luna resplandecía en su cuarto creciente, orgullosa de su brillo. Y yo preocupada por mi amiga que no aparecía por ninguna parte.
Después de unas cuantas horas de búsqueda sin respuesta, el dueño del camping decidió llamar a la policía para que intensificara su búsqueda. En un momento dado, me sentí tan apenada por lo que estaba ocurriendo, que unas lágrimas comenzaron a surcar mis mejillas. Ya no sabía qué hacer, los celulares en esa zona no tienen señal y Mary estaba perdida en medio de la noche, sin tener ningún elemento para guiarse.
Yo no entendía que había pasado, fueron sólo unos instantes que me aleje de ella y había desaparecido. Mil preguntas surcaban mi mente ¿Y…si algún animal la devoró? ¿Si le picó una araña y está tirada en alguna parte? ¿Si tal vez la mordió una víbora y está inconsciente? No encontraba respuestas, eran sólo suposiciones.
Llegó la policía y luego de hacerme un interrogatorio, salieron en su búsqueda. Pasaron toda la noche en la montaña e incluso un helicóptero con su reflector iba y venía desesperado, mi sensación de angustia aumentaba más y más.
Detrás de las montañas el sol comenzaba a mostrar sus tibios rayos, el cielo lentamente se desteñía de un azul oscuro a un celeste claro y Mary aún no aparecía.
El sol en el dorado horizonte, comenzaba a imponerse derramando rayos firmes y seguros por todo el cielo, se desvanecieron las estrellas y la luna aún dejaba una mancha fantasma sobre el firmamento.
La policía no encontraba a Mary por ningún lado, fue ahí cuando no aguanté más y decidí salir yo a buscarla, en el lugar donde se había perdido, me acompañaron el dueño del camping y su esposa. Subimos la montaña, con el reflejo del sol, brillaban aún más las piedras que contenían la puerta misteriosa. Me acerqué a ella, tomé una piedra, la tiré hacia esa gran sombra y la piedra desapareció, fue como si la sombra la hubiese tragado.
Fue entonces cuando me decidí a entrar, la pareja que me acompañaba estaban muy preocupados y no querían que yo entrara, pero era el único lugar donde podía estar Mary, no quedaba otra posibilidad. Marta, la mujer que me acompañaba, insistió en que me atara una cuerda para que pudieran rescatarme ante cualquier peligro. Así lo hice y despidiéndome de Marta y Carlos su esposo, me introduje dentro de la misteriosa puerta.
Era una cueva oscura de unos 150 metros, que chorreaba agua por todos lados, al final se veía una luz muy brillante como si al terminar la cueva hubiera un valle. Caminé hasta llegar al claro en el medio de la montaña, había una pequeña cascada de donde caía agua cristalina y sabrosa, alrededor de ella crecían flores de insólitos colores y belleza, flores de todos tamaños, flores entrelazadas con verdes enredadera.
El lugar era maravilloso, silencioso, austero; sólo se oía el ruido del agua que caía de la cascada y el chillido de algún pájaro que revoloteaba la zona. Por un momento me senté en una roca al observar tanta paz, que me olvidé de Mary. De pronto escuché su vos llamándome a lo lejos y de un salto me paré inmediatamente.
- Lulyyyyyyy- Resonaba el eco de la vos de Mary
- ¡Mary! ¿Dónde te encuentras?- Repliqué.
- Estoy en cerrada en una habitación muy oscura- Dijo Mary sollozando.
- No dejes de hablarme hasta que llegue a ti- Le dije.
Comencé a mirar por todos lados, en el lugar era imposible que estuviera, además su vos venía de muy lejos. Me volví a sentar en la piedra casi vencida, cuando de pronto, sentí que alguien tocaba mi rodilla; miré que era y vi a un pequeño duende que sin hablarme me señalaba la salida o sea el lugar por donde yo había entrado. No le hice mucho caso, entonces él me tiraba el pantalón con insistencia.
- Bueno te seguiré- Le dije
El duende me hizo entrar nuevamente en esa cueva oscura y con una pequeña linternita me mostraba, que toda la cueva estaba llena de puertas.
- ¿Está en alguna de ellas?- Le pregunté al duende y él asintió contra cabeza.
- ¿Puedes hablar?- Le dije.
- ¡Sí!- Me contestó sin problemas
- ¿Entonces por qué me señalas?- Le pregunté
- Porque no quiero que me escuchen-Respondió hablando muy despacio.
- ¿Cuál es tú problema?- Le dije.
- Hay un monstruo muy grande, que la tiene cautiva y si me escucha que te digo dónde está me pisará como a una cucaracha- Dijo el pequeño.
- Bien, no te hagas problema, háblame despacito o con señas- Le contesté- Lo único que te pido es que me digas dónde está Mary.
Otra vez volví a escuchar que ella me llamaba, el duende con su linternita se dirigía cada vez más cerca del llamado. Por fin llegamos a la puerta por donde salía la vos de mi amiga, estaba cerrada con un gran candado.
- ¿Dónde están las llaves?- Le pregunté al duende
Sin hablar, me llevó hacia otro pasillo, cuando llegamos al final, estaba un hombre grande, peludo y cabezón, durmiendo con un manojo de llaves en su cinturón.
- ¿Cómo sacarle las llaves?- Le pregunté.
- ¡Yo se las saco! Pero cuida que no me mate- Dijo asustado el pequeño, que con mucha valentía se acercó hasta el monstruo y de un solo tirón le sacó las llaves.
- ¡Ya las tengo!- Dijo el duende.
Rápidamente nos acercamos a la puerta donde se escuchaba a Mary gritar, probamos varias llaves hasta que encontramos la correcta. Cuando abrimos Mary estaba asustada llorando en un rincón de la oscura habitación, me acerque, la abracé con mucho cariño y le dije que saliéramos rápido del lugar.
El duende nos miraba muy apenado cuando nos íbamos, lo levanté en mis brazos y le pregunté:
- ¿Quieres venirte con nosotras?
- No tengo familia y siempre estoy escondiéndome de este maldito monstruo para que no me mate, si ustedes tienen un jardín con flores y algún estanque de agua ¡Me voy ya mismo!- Dijo el pequeño.
- ¡Si no lo tenemos, lo hacemos!- Respondió Mary muy feliz y entusiasmada.
Cuando íbamos saliendo escuchamos un fuerte rugido.
- Apurémonos a salir, ¡El monstruo despertó!- Dijo el duendecillo.
Llegaron rápidamente a la puerta y salieron, el matrimonio aun seguía esperándome a pesar que estaba oscureciendo. Se sorprendieron mucho al ver que habíamos traído un nuevo amigo.
En la noche después de una larga tarea, nos reunimos todos a comer un asado y además a dar muchas explicaciones de lo ocurrido.
Mary, aún asustada nos contó que se había caído a un pozo que la llevó directamente a la habitación del monstruo, cuando él la vio, la tomó prisionera y le dijo que pronto haría con ella una sabrosa comida.
El matrimonio nos comentó que en esa zona habían desaparecido muchas personas y el duende dijo que aún quedaban muchos prisioneros en el lugar.
El personal de la policía ofreció su ayuda desinteresada para entrar en la puerta mágica, rescatar a los que quedaban y vencer al monstruo.
Después de un tiempo, los objetivos fueron logrados, el monstruo fue derrotado, las personas que quedaban en el lugar fueron salvadas y un ingeniero rompió el campo magnético que tenía la puerta.
Desde ese momento, el lugar se transformó en un bello paseo turístico. El duende decidió volver a vivir a la cascada y fue una gran atracción para todo el que venía a visitar el lugar. ¡Por supuesto que nunca lo abandonamos!MORALEJA:
Aunque aparezca en tu vida una puerta oscura y difusa, atrévete a cruzarla, detrás de ella puedes encontrar una cascada de felicidad y un alma para rescatar.
MARINA Y LOS DUENDES
Una pequeña niña de seis años, jugaba siempre sola. Sus padres estaban muy preocupados por la niña, ella no quería tener amistad con ningún chico de su edad y que hablaba con alguien todo el día.
Marina se veía muy feliz a pesar de no tener con quien compartir sus hermosos juguetes.
Un día sus padres decidieron romper el silencio con que la observaban y mamá con dulzura le preguntó:
- Marina, tú te diviertes mucho cuando juegas ¿Me puedes contar, quién te acompaña?
- ¿Tú no los ves?- Respondió la niña con otra pregunta.
- ¿A quién debería ver? Sólo veo tus juguetes y te escucho hablar por largas horas- Dijo la mamá.
- ¿Ves? por eso no me gusta jugar con los humanos, porque no pueden ver a mis amigos y eso me molesta mucho- Respondió la pequeña.
Marta, la mamá de la niña se quedó sorprendida y pensó que a su hijita le hacía falta un profesional porque estaba viendo alucinaciones. Por eso fue y vio a una Psicóloga que le habían recomendado y le explicó todo lo que estaba ocurriendo.
Elsa la Psicóloga, le dio un turno para comenzar a atenderla y en la sesión la niña no habló una sola palabra. Así semana tras semana, la pequeña no respondía nada de lo que preguntaba la profesional y cada día iba poniéndose más triste, hasta que enfermó y encerrada en su habitación decaía más y más.
La psicóloga tenía una pequeña de la misma edad que Marina y como sabía que la niña estaba depresiva decidió llevar a su hijita, para ver si jugaban juntas. Ni bien entró Claudia, la hija de la Psicóloga a la habitación, mirando asombrada a Marina le dijo:
- ¿De dónde sacaste a esos pequeñitos verdes que corretean y juegan a tu lado?
- ¿Tú los puedes ver?- Dijo Marina muy feliz.
-¡Sí! Pero… ¿Dónde los compraste?- Dijo Claudia.
La Psicóloga y la mamá de Marina se miraron muy sorprendidas, no eran alucinaciones, algo había que las dos niñas lo veían y ellas no. Las dos mujeres comenzaron a investigar y contrataron a un joven dedicado a las investigaciones de casos paranormales y con una cámara de gran sensibilidad, filmó a las niñas jugando con pequeñas y graciosas criaturitas verdes.
Cuando el joven le mostró en video a las dos mujeres, ellas no dejaban de sorprenderse, el muchacho entonces explicó:
- Existe a nuestro alrededor un mundo mágico, un mundo paralelo al que habitamos, sólo las personas de pureza espiritual e inocencia pueden acceder a él. Es un mundo real que se encuentra en otra dimensión, donde viven seres elementales y conviven con nosotros en esta tierra.
- ¿Y por qué otros niños no pueden verlo y los adultos tampoco?- Dijo la Psicóloga.
- Porque no tienen la sensibilidad de estas pequeñas, no se asusten y tómenlo como algo normal- Respondió el joven.
Las dos madres agradecieron la colaboración del muchacho y sin pensar en la lógica, comenzaron a creerles a sus pequeñas lo que les contaban. A partir de ese momento Marina tuvo su nueva amiga Claudia y comenzaron a relacionarse sin problemas, con el resto de los pequeños y de la sociedad.
Las niñas eran muy felices, tenían el amor y el apoyo de sus padres, tenían nuevos amiguitos y compartían sus juegos con los duendes.
Así pasó el tiempo:
Marina y Claudia aún siguen siendo amigas aunque transcurrieron ¡muchos años! Los verdes duendecillos no las abandonaron jamás y hoy siguen jugando con los pequeños niños que a ellas, les dio la vida.Moraleja:
Esta es una moraleja para los padres. “Cuando tu hijo te haga una confidencia, ¡escúchalo! por más descabellado que sea lo que dice. Él necesita de ti, de tu apoyo moral y espiritual; él te necesita a ti, sólo a ti, él necesita del amor y la comprensión que puedas brindarle”. ¡No lo olvides!
REFLECCIÓN NAVIDEÑA
Mirando el Pesebre, me di cuenta de la luz resplandeciente de Jesús. No era necesario estar pendiente, sólo con observarlo levemente, Jesús irradiaba grandes rayos.
Entonces pensé, si Jesús resplandece tanto en el Pesebre ¡Cuánto más habrá resplandecido en la vida!
Y me concentré ¡Tanto en Jesús… que me transporté! Lo vi rodeado de discípulos y yo era una más, una más entre aquellos que lo escuchaban.
Alguien le preguntó sobre los mandamientos y Él respondió:
- ‘El primero es: «Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y
amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente y con todas tus fuerzas». El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a ti
mismo». No existe otro mandamiento mayor que éstos’ (Mc 12, 29-31).Luego nos siguió hablando y dijo:
- Pero…. ¡Ámalo, ámalo de verdad! No en vanas apariencias, “ámalo con la energía y la fuerza que amas a tu hermano de sangre”.La gente que se encontraba en el lugar parecía no entender este mensaje y se miraban unos a otros sorprendidos. Después de un largo silencio, preguntó tímidamente el más pobrecito de todos:
-¿A quién puedo amar y ayudar, si estoy vencido?
-¡Deja que te ayuden!- Respondió Jesús muy conmovido
Dejándote ayudar, también “amas a tu prójimo como a ti mismo”
Sabes… hay personas vanidosas y ayudan para ser vistos,
Hay otros que no reciben ayuda, por no ver su orgullo herido.
¡Ayuda con una amable palabra! Y déjate ayudar ¡Sé simple!
No es de pobres recibir buenas palabras
Ni es de ricos repartir unas migajas
¿Sabes? El dinero, no es nada
¡La riqueza se lleva en el alma!
Y… eres “rico” cuando das una alegría
Y…eres “rico” cuando alguien te acompaña
Y…eres “rico” dando amor a tus hermanos
Y…eres “rico”, ¡Eres “rico” al ver el alba!
De pronto, volví en mí, mientras al niño observaba , me di cuenta que sus rayos me habían transportado a otra época y que Jesús insistía con su enseñanza. Tal vez la necesite ¿Por qué no? O tal vez deba contarla, para que muchos que donan un paquete de fideos, se planteen también donar el alma.