René Gómez
San Rafael
Mendoza
ARGENTINA
AROMA A ORÉGANO
Piecesitos de niño,
azulosos de frío,
cómo os ven y no os cubren
¡Dios mío!
He citado estos versos de Gabriela Mistral, pues, en mi corazón , sentiré por siempre el amor por los niños que, faltos de cariño y protección, pueblan la faz de la tierra.
Eso sentí y así lo contaré….Era la tarde: el joven verano había tendido su manto sobre la arboleda. De pronto llegó un viento muy fuerte. Las ramas gemían azotadas con violencia. Me levanté para cerrar mi puerta, pero algo me detuvo: vi a un niño de cuerpo triste, de mirada triste. Se acercó con dificultad y me ofreció:
- ¿me compra orégano señora?
Le di las monedas y le dije:
- Mira, niño, el viento es muy fuerte y el cielo amenaza lluvia. Corre a tu casa. Me miró y musitó:
- No puedo volver a mi casa. Tengo que vender todo el orégano. Mi madre espera el dinero para la comida. Tengo cinco hermanos.
- ¿Y tu papá? , pregunté.
- Él se fue hace mucho y no ha vuelto.
Tomé de sus manos todas las bolsitas; hurgué en mi bolso y le alcancé una golosina.
- ¿Para mí? , preguntó.
- Sí. Ahora corre. Ha empezado llover y el viento es más fuerte
Se fue sin agradecerme, sin volver la cabeza. Quise llamarlo, ofrecerle ayuda, pero se alejó, con su cuerpo doblado por el viento y se perdió entre las sombras de los árboles, sacudidos por la lluvia.
Cerré la puerta y una inmensa tristeza me invadió: pena por los niños-hombres de mi tierra, de mi patria, del mundo entero. Niños que han crecido y crecen sin ilusiones, amarrados a la miseria, soñando con una bicicleta, una muñeca, una golosina….
Se fue, pero junto a mi pena quedó flotando, un aroma de orégano y en las tardes diáfanas de azules cielos, de brillante sol, espió la calle para verlo llegar. Le diría entonces que siempre en la vida hay una lucecita de esperanza, una nueva vida que puede darle lo que desee.
No te he vuelto a ver, no te di nada y vos me dejaste tanto: tu amor por tus hermanos, por tu madre, el sacrificio de tu pequeña vida por los demás. La calle no te vuelve a mí, pero tus ojos tristes dejaron para siempre en mi alma aroma de orégano….