Casartelli Graciela María
Córdoba
ARGENTINA
Al final del pozo
* Dedicado a todos aquellos que padecen las consecuencias de las adicciones.
En el soplo de vida, creador de mi cuerpo,
te arrojaron conmigo.
Desde el embrión, entrañaste mis venas.
Tú estás en mi esencia, desde el principio.
Doblegaste mi carne, hasta el infortunio.
Fuiste trabajando en mis nervios
y me has poseído.
Maleaste mis sentidos, me doblegaste.
Siendo pequeño no advertía tu tiranía,
como máquina sin timón,
reproduje tus caprichos.
Hoy, que algo vislumbro,
de lo que mi ser puro, esclarecido, hubiera ostentado,
te veo en mi mitad; oscurecido y enroscado.
Engañaste mis sentimientos, mis juicios;
trastocaste mi más nítido todo sublimado
y me confundiste entre tus danzas vagas,
tu doping de muerte…
Una sombra de luz pura,
me permitió ver en el transcurso de un tiempo.
Fue la otra cara del espejo.
Pero, tus celosos guardianes,
tergiversaron aquel halo infinito.
Y yo, me perdí…
Todos mis impulsos por vencer tu designio,
quedan sin fuerzas a mitad del camino.
Créeme que muchas fueron mis noches de desvelo.
Ruda y cruenta, mi lucha;
sangriento el campo de batalla…
Cuando quise emigrar por aquel rayo luminoso,
ostentaste en tu mano, una fruta dulce,
con corazón de veneno.
Entonces me mostraste un mundo desconocido maravilloso,
mientras una música embriagadora me invadía:
Tules, flores y versos, dulcemente me envolvieron.
Tomé por tu ruta, elevándome.
Mi mundo no era el mundo, que el rayo iluminaba.
Un suspiro alienaba mis centros nerviosos
y el raciocinio se intoxicaba con tu perfume.
Me llevaste unos pasos…
Y me tiraste al pozo…
Un pozo oscuro, sin fondo, sin peldaños.
Desesperado, palmoteaba sus costados
y los arañaba.
Eran mis realidades.
Uñas y dientes se quebraron en mis esfuerzos,
Mientras tus garras despaciosas,
… cerraban la entrada.
Sin embargo, tú también sufres.
Porque gran parte de ti,
se estaciona en mi dolor,
en mi aliento quejumbroso,
en mi destrucción lenta.
Tu esencia anudada en la mía,
se deteriora en mi tormento,
ambos, somos víctimas.
¿Te habré arrastrado conmigo, quizás,
más que tú, a mi destino?
¿Dónde estás tú y dónde estoy yo?
Lo podremos saber, tal vez,
al final del pozo…
Letargo
Donde no nacimos,
bautizamos la ausencia.
Valores suplantados, por quimeras ecuestres
que desconocen la finalidad de la existencia.
Añoramos el regreso,
Cuando no hemos decidido la partida.
Cuando nos enroscamos con ilusiones vanas.
Las cadenas del ancla,
ancla de sales y burbujas,
Arena compacta en los eslabones.
Tironeo entre sortilegios,
las cruces del silencio.
Cobarde de gritos, soy…
Qué de las reivindicaciones del afecto,
De las entregas absolutas.
Qué del desprecio sin amparos.
Del tirano de la estatua,
en galardonado por vanas coronas
de flores que marchitan
Grilletes en blanco granizo
que lastiman los labios,
y las manos.
Pureza helada, rotulando desde el cielo
sin explicación ni destino.
Largas filas de cuerpos sin alma,
que continúan la senda entre la vida y la muerte.
Trazos entre sombras;
historias de muchedumbres,
que claman al sol naciente.
Sobre los andrajos
En la noche de las miradas
aturdidas;
la vida, es sólo una migaja.
Una posibilidad en la ruleta rusa.
Una excusa para jugarse
en el borde de la cornisa.
Euforia sacrílega
del ritual de la agonía.
Dioses sin Dios, que deambulan;
golpean, ensucian y languidecen.
Desprecio por el bello cuerpo
portador de una vida reciente.
Encrucijada al espanto,
que silencia el alma…
Quien sobrevive, es un héroe vacío
vistiendo prendas íntimas.
Escapado del sino de la noche.
Creyentes de haber crecido,
sobre los pedazos; de quienes van quedando
en los costados de la pendiente.