Beatriz Milne Rotundo
Buenos Aires
ARGENTINA

 

A TU MANO

Disfruto
tu bogar suave
sobre mi sedienta piel.

Destapaste
el arcón secreto
de mis ancestrales deseos.

Inauguraste
la era del milagro azul
de las pupilas absortas
de las antorchas en vigía.

Despejaste
el follaje enmarañado y selvático
de mi ayer adormecido.

Cruzaste
como el rayo de luz que penetra sutil
el encapotado celaje.

Despertaste
entre rumores y gemidos
la pasión enardecida y la caricia primera.

Sabedora de la vida y el amor
hiciste tuya mi inexperiencia
y me elevaste
al derrotero de los astros.

Mano acaso aventurera
sosegaste
la avidez del espíritu
y la urgencia de la sangre.


Te ofrecí los azahares
y me diste a conocer
las caracolas del delirio.

Mano soberana
dejaste tu temblor liviano
sobre el silencio monacal que me apacigua.


Fuiste
regocijo y calma, fuego y mansedumbre.


Perfume a nardos
sobre mi piel recién inaugurada.

Plenitud.

Aleteo luminoso
de mi vuelo de poeta.


APURA TU CAMINO

¡Cuánto tiempo esperando tu llegada
y cuánta agua corriendo bajo el puente!
¡Cuántos sueños se ahogaron en la fuente
y cuánto amor perdido para nada!

Siguen los días jugando una pulseada:
si regresas o no.¡Y es tan urgente!
Te perdiste un verano entre la gente
y el otoño ensombrece mi mirada.

Cuando llegue el invierno, y sin abrigo
tan lejos estaremos, viejo amigo,
borrada ya la huella del regreso.

Vuelve a mi lado, apura tu camino
que si la vida ha escrito su destino
lo torcerá... la magia de tu beso.


VOZ INTERIOR


Voz interior
que susurra
en el punto cardinal de mi ser.

Sin ruidos, sin gritos.
Tenues balbuceos
que insisten en emerger.

Voz acallada
en ese lugar donde nacen los sueños
-que luego se deshilachan-
Donde se gestan las utopías.
Donde soy yo.

Sin máscaras.
Sin disfraces.
Sin metáforas.

Expuesta desnuda
a la ventisca y la intemperie.

Voz interior
persuasiva y tenaz.

Monólogo en silencio.

Hálito de vida.

Tabla de salvación.