¿Cómo hablar
de nosotros mismos, sin remontarnos a una remota infancia, allí dónde
se nos dio la vida?
¿Cómo saber quiénes somos, si olvidamos
la leche que mamamos, los brazos que nos sostuvieron, cuándo titubeantes,
aún no sabíamos andar solos?
Allí, dónde todo era claro y fresco como una
mañana...
Allí dónde al abrigo del hogar, aprendimos a
amar, y a sentir el pedazo de mundo que Dios nos regalaba...
Allí, encontraremos lo que somos en realidad...
Y cuando nos agobia la tristeza, cuando parecen no haber más
caminos es desde allí dónde debemos empezar de nuevo...
Y así como no comenzamos a vivir desde la adolescencia, así como no nacimos ya adultos sino que muchos años precedieron a nuestra formación humana, así también, nuestra historia no comenzó en 1810, sino mucho, pero mucho antes en los brazos de nuestra Madre Patria, nuestra madre España.
Dijo alguna vez Renán,
“el error más peligroso es creer que se sirve a la Patria, calumniando
a los que la han formado. Todos los siglos de una nación son las hojas
de un mismo libro. Los verdaderos hombres de progreso son aquellos que tienen
por punto de partida un respeto profundo al pasado: todo lo que hacemos, todo
lo que somos, es el resultado de un trabajo que nos llevó
siglos...
Pocos argentinos saben, los
elogios que recibió nuestro orden institucional colonial de parte de
historiadores diversos aún de los más alejados de la cosmovisión
hispánica tales como Arnold Toynbee y Herbert George Wells ambos ingleses,
quienes se han referido a la obra de España como la más plena,
la más civilizadora que halla realizado la humanidad, aún superior
a la que llevó a cabo Roma...
Y agrega Wells, que solo una vez en la historia se cumplió
el sueño Platónico de la república perfecta, o la Utopía
de Tomás Moro: En las reservaciones jesuíticas de nuestro norte
Argentino. Aquí, aquí en nuestra tierra, se realizó el
ensayo político más feliz de la historia humana, y nada menos
que entre culturas absolutamente distintas que se comprendieron y se asimilaron
en una síntesis asombrosa entre lo indígena y lo europeo. Fue
la inculturización del evangelio en el alma americana.
Y de este nuevo espíritu que asomaba al mundo, pueden
dar cuentas sus contemporáneos, cuando la industria más calificada
de Europa, venía de manos de nuestro hermanitos y paisanos los guaraníes.
La estatuaria, la pintura, la imprenta, los instrumentos musicales y la música,
en manos de nuestros indígenas, muchas veces superaba con creces el genio
europeo.
Pero no fue la obra material lo que más asombraba,
sino la felicidad que destilaba esta teocracia indígena dirigida por
los jesuítas. Habían hallado la Buena Nueva
en el sentido más pleno y acabado... habían conocido la caridad.
A diferencia de Portugal, y de Inglaterra, que exterminaban o esclavizaban al indio a través de un próspero mercado de esclavos, aquí España le enseñaba al indígena que todos los hombres son iguales ante Dios. Los convirtió en ciudadanos dilectos de la corona, y fueron atendidos en sus necesidades de una manera especialísima a través de legislación que ojalá se aplicara hoy en los países que critican la hispanidad: Las leyes de Indias.
Mientras Inglaterra sembraba
de factorías el suelo americano, España creaba en el Nuevo Mundo
Universidades del más alto nivel académico.
Aún Guillermo Beresford jefe de las tropas de la primera
invasión inglesa en 1806, escribe en su diario de campaña, el
asombro que le despierta la perfecta convivencia entre las distintas razas y
clases sociales que existía en nuestro virreinato.
Mientras nuestra Patria fué fiel a su tradición
católica e hispánica el orden social fue justo para todos...
De esto da fe nuestro Martín Fierro cuando con nostalgia
nos remonta a esos tiempos bucólicos y pastoriles:
Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer...
Era una delicia ver
cómo pasaba sus días.
Entonces...cuando el lucero
brillaba en el cielo santo,
y los gallos con su canto
nos decían que el día llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho que era un encanto.
Y sentao junto al jogón
a esperar que venga el día,
al cimarrón le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su china dormía
tapadita con su poncho.
¡Ah tiempos si era un orgullo
ver jinetiar a un paisano!
Y justamente el sufrimiento
de nuestro Martín Fierro comienza con los gobiernos de inspiración
liberal, rousseoneana y calvinista como el de Sarmiento y los que le siguieron,
que quisieron entrar a la modernidad rompiendo un orden institucional que como
dice nuestro historiador Vicente López no pudo volver a rehacerse jamás.
A partir de entonces, comienzan los males del Martín
Fierro, y los del indio. El gaucho que hizo posible esta tierra, es desplazado
como objeto inútil que solo sirve al decir de Sarmiento para abonar la
tierra... El indígena es masacrado por las Campañas de Roca y
otros y reducido a su mínima expresión.
La sombra de España, había huído de nosotros...
Se habla en la actualidad,
respecto de la llegada del Europeo a América como un encuentro de culturas,
descartando el término de “descubrimiento.” En esto coincidimos.
Fue un encuentro de culturas. Pero ahondemos un poco más, respecto a
quienes eran los verdaderos personajes de ese encuentro.
Es nuestro más serio compromiso, presentar en este
programa todo aquello que tenga la más absoluta y contundente evidencia
histórica, y descartaremos e inclusive trataremos de rebatir todos aquellos
mitos que no soportan la menor confrontación con tantas y tantas evidencias,
de lo que fue nuestro pasado, o que a su vez sirven a intereses e ideologías
externas a nosotros y en la mayoría de los casos utilizadas como un instrumento
más de dominación que busca dejarnos sin el aliento de la cultura.
Se ha dicho con insistencia machacona, que a las colonias
hispanoaméricanas España envió durante siglos a lo más
abyecto de su sociedad. A los criminales. A los que huían de la ley.
A los sin futuro. A los aventureros. A los mercenarios. A los arribistas. A
los buscadores de oro y plata.
Siguiendo las reglas de juego que nos hemos impartido, vamos
a recurrir a un instrumento histórico que actualmente es público,
que está en Madrid a disposición de quien quiera consultarlo:
Son los Registros de pasajeros a Indias. Este catálogo comprende en su
primer volumen a los que viajaron a América entre 1509 a 1533, época
que hubiera podido ser la más expuesta a la salida de gentes indeseables,
y sin embargo, aparecen todos los viajeros controlados por la Casa de contratación,
y lejos de haber allí personas de cos
tumbres antisociales o de dudosa moral, ladrones notorios o criminales, había
como observa Bermúdez Plata, hombres de grandes prendas intelectuales
y espirituales. Entre los millares de españoles que pasaron a América,
durante el período colonial, es sabido que hubo hombres eminentes, verdaderos
próceres del arte y de la intelectualidad española, hoy bien conocidos
como Juan de la Cueva, Mateo Alemán, Gutiérrez de Cetina, Tirso
de Molina, Ercilla, etc, etc.
Y agrega que merced a esta publicación, se darán
a conocer muchos otros nombres sepultados en el olvido y renacerán a
la vida legiones de obreros y de industriales, colaboradores ignorados de la
obra inmortal realizada por España en el Nuevo Mundo.
Valiéndose de los registros navieros, Rodríguez Arzúa,
nos dice que entre los 867 primeros españoles que pasaron a América,
hubo 1 armero, 1 barquero, 1 bonetero, 1 bizcochero, 1 bordador, 1 cantero,
1 carrero, 1 cirujano sacamuelas, 1 confitero, 1 cordonero, 1 estallador, 1
esgrimidor, 1 fundidor, 1 guardamacilero, 1 impresor, 1 minero, 1 pintor, 1
sastre, 1 sedero, 1 sillero, 1 tundidor, 2 ballesteros, 2 calafates, 2 caldereros,
2 borceguineros, 2 cerrajeros, 2 cirujanos, 2 torneros, 3 batidores de oro,
3 candeleros, 3 hortelanos, 3 maestros de hacer papel, 3 libradores, 4 armeros,
4 cuchilleros, 4 herreros, 4 espaderos, 5 plateros, 5 médicos, 6 calceteros,
7 albañiles, 7 herradores, 7 zapateros, 9 barberos, 11 boticarios, 16
carpinteros y 19 músicos.
De el análisis de las listas existentes de los que
pasaron a América entre 1509 a 1538, sabemos que una octava parte eran
maestros u oficiales en algún arte manual y aún cultural. Fijémosnos
en la última cifra, la mayor por cierto: 19 músicos.
Es más, todos los que viajaban a América debían
pasar por la Casa de contratación, que era una institución de
la corona española que regulaba la entrada de los colonos a América.
En ella debía probarse frente a testigos la moralidad del candidato,
si tenía deudas, si tenía causas pendientes con la justicia, y
si era casado si dejaba en situación satisfactoria a su familia en el
período previsto de su ausencia, etc., etc.
Como curiosidad histórica les contamos que quien no
pasó el examen de esta rigurosa casa de contratación y no pudo
venir a América por sus antece dentes con la justicia, fue ni más
ni menos que el autor de Don Quijote: Miguel de Cervantes, quien a partir de
entonces fue uno de los tantos que propalaron la infamia de que a América
se la pobló con la escoria de España.
Por supuesto, sería absurdo pensar que solo llegaron
a América españoles virtuosos, aunque institucionalmente España
hizo todo lo posible para que Así fuera. También llegaron delincuentes,
pero habían proporcionalmente menos de los que hoy hay en San Rafael.
Llegaban especialmente desde el Norte, no por la vía oficial sino por
la vía Portugal-Brasil.
Leámos partes del el texto del prólogo de las
normativas que reglamentaban
el ingreso a América en la Casa de contratación: “...la
gente de que se hubieren de poblar sea gente de noble , pacífica e indus
triosa y cual conviene para tan santo celo.
En otro párrafo dice: ...y todos los que más
de ello fuere posible, casados y que lleven a sus mujeres y procuréis
que los que fueren sean gente honrada, quieta y pacífica, para que entre
ellos se puedan proveer los oficios de un buen gobierno y que así mismo
haya labradores para la labor y beneficio de las tierras.
¿Qué fue lo que encontraron
los españoles a su llegada a América?
Para ciertas corrientes ideológicas que nada de bien
le hacen a nuestra cultura podríamos imaginarnos al buen salvaje de Rousseau,
disfrutando de una especie de Jardín del Edén rodeado de sus hermanos
los Indios en un clima extático donde todo era Bondad y Belleza. Porque
los hombres según ellos, solo Serían malos si son Blancos o europeos.
Los indios, inventores del ecologismo vivían en un perfecto orden con
la naturaleza y entre ellos mismos, y los conquistadores habrían venido
a romper este idilio paradisíaco.
Cuando los españoles desembarcaron en estas tierras,
se encontraron que lejos de este estado paradisíaco, la América
india estaba bajo la dominación de dos feroces y sanguinarios imperios:
El Azteca y el Inca. Ambos sojuzga ban de una manera cruel a todas las demás
culturas indígenas, quienes debían pagar el tributo no solo de
las tierras sino también de vidas humanas para los sacrificios a sus
dioses.
Sobre las grandes pirámides aztecas dónde hoy
los turistas posan para sus fotografías se inmolaban constantemente las
vidas de miles de jóvenes.
Quienes fueron testigos de estos rituales relatan lo siguiente:
“Cuatro sacerdotes aztecas aferraban a la víctima
y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El gran sacerdote le clavaba
entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le abría la caja
torácica y después le hurgaba con las manos hasta que conseguía
arrancarle el corazón aún palpitante para deposi tarlo en una
copa y ofrecérselo a los dioses. Después los cuerpos eran lanzados
por las escaleras de la pirámide. Al pie los esperaban otros sacerdotes
para practicar una incisión desde la nuca hasta los talones y arrancarles
la piel en una sola pieza. El cuerpo despellejado era cargado por un guerrero
que se lo llevaba a su casa y lo partía en trozos que después
ofrecía a sus amigos. Las pieles una vez curtidas servían de vestimenta
a la casta de los sacerdotes.”
Las víctimas eran especialmente niños y mujeres
jóvenes.
De los Incas tenemos a mano la evidencia de tantas y tantas
pequeñas momias que se encuentran constantemente a lo largo de nuestra
cordillera. Las momias son niños sacrificados, todos según el
mismo ritual de ponerlo en cuclillas dentro de un pozo y destrozarle el cráneo
con un mazo.
La intransigencia y el furor de los primeros españoles
desembarcados encuentra una fácil explicación ante esta oscura
idolatría en cuyos templos se derramaba sangre humana.
Los pocos españoles que llegaban a estas tierras, no
lo hacían en calidad de conquistadores sino de libertadores a los que
las masas de indígenas oprimidas recurrían desesperadas a fin
de desembarazarse de un yugo tan cruel. La conquista militar en un principio
no podría haber sido factible por la enorme desproporción numérica
de un puñado de hombres frente a millones y millones de indios, practicamente
con igualdad de armamento ya que las armas de fuego muchas veces fallaban porque
la pólvora se humedecía, y los caballos no podían ser llevados
a la carga por el terreno selvático.
Así el indio no se sometió al español
tanto por las armas como porque en ellos vislumbró una vida mejor.
Y a esa vida mejor lo llevó España generosamente,
como veremos a partir de ahora, con educación, con hospitales con la
enseñanza de artes y oficios, con leyes sociales que ojalá las
tuviera el hombre actual, y por sobre todas las cosas mezclando con ellos su
cultura y su sangre para dar una nueva estirpe. La estirpe criolla. No hay mayor
evidencia de que el español vió en el indio a un igual, que la
sangre que corre por nuestras venas.
La merma de las poblaciones indígenas en hispanoamérica
tuvo dos causas:
La primera y más importante y como da testimonio nuestra
raza, desde México hasta tierra del Fuego el español se integró
racialmente con el indio
a quien vió su igual. Casi el noventa por ciento de la población
hispanoamericana desciende directamente de los antiguos habitantes de América
o es fruto de la mezcla entre los indígenas y los nuevos pobladores.
Confrontemos esto con la América anglosajona Estados Unidos, dónde
la población india está reducida a apenas unos miles, recluidos
aún hoy en reservaciones y dónde la mezcla con el europeo Inglés
es escasa o nula.
La segunda y menos importante causa de la merma demográfica
del indio
fue el choque microbiano y viral de enfermedades traídas de Europa y
para las que el indio carecía de inmunidad específica. Estas eran
la Tuberculosis, la Neumonía, la gripe, el Sarampión y la Viruela.
Esto fue muy bien estudiado en la Universidad de Berkeley y fue muy similar
a la peste negra que traída de India y China, asoló a Europa en
el siglo Catorce reduciendo un tercio de su población.
Como tercera causa podríamos mencionar la persecución
del indio y del gaucho llevada a cabo por los diversos gobiernos liberales que
surgieron apartir de Sarmiento siendo su máximo ejemplo la campaña
del desierto del general Roca. Pero ya España estaba muy lejos de ser
la responsable de esto.