Arte abstracto

Estilo artístico que surgió alrededor de 1910 y cuyas consecuencias múltiples han hecho de él una de las manifestaciones más significativas del espíritu del siglo XX.

El arte abstracto deja de considerar justificada la necesidad de la representación figurativa y tiende a sustituirla por un lenguaje visual autónomo, dotado de sus propias significaciones. Este lenguaje se ha elaborado a partir de las experiencias fauvistas y expresionistas, que exaltan la fuerza del color y desembocan en la llamada abstracción lírica o informalismo, o bien a partir de la estructuración cubista, que da lugar a las diferentes abstracciones geométricas y constructivas.

ABSTRACCIÓN LÍRICA

La obra de Wassily Kandinsky ilustra la llamada abstracción lírica. Llegó, entre 1910 y 1912, a una abstracción impregnada de sentimiento, idealmente representativa de las aspiraciones de los artistas del grupo expresionista de Munich Der Blaue Reiter, del que él mismo formaba parte. En Francia, Robert Delaunay elaboró, desde 1912, a partir de las teorías de Chevreul sobre el contraste simultáneo de los colores, sus Ventanas y sus primeras Formas circulares cósmicas abstractas, mientras que Frank Kupka exponía en el Salón de Otoño de 1912 Amorfa, fuga de dos colores y en 1913 Planos verticales azules y rojos. En la misma época, en Rusia, Mijaíl Larionov y Natalia Goncharova llevaron hasta la abstracción pura su método de transcripción del fenómeno luminoso, al que denominaron rayonismo.

ABSTRACCIÓN GEOMÉTRICA

La abstracción de Piet Mondrian se elaboró a partir de la retícula cubista, a la que progresivamente redujo a trazos horizontales y verticales que encierran planos de color puro. Por su simplificación, el lenguaje del neoplasticismo, nombre que dio a su doctrina artística, satisfacía las exigencias de universalidad del artista (véase De Stijl). En Francia, la abstracción de Fernand Léger (Contrastes de forme, 1913-1914) y la de Picabia (Udnie, 1913) utilizaron formas cubistas sin renunciar a la intensidad cromática. En Rusia, tras haber sido el principal representante del cubo-futurismo, Kazimir Maliévich rompió radicalmente con todas las viejas concepciones del arte al pintar en 1915 Carré noir dando lugar al suprematismo. Paralelamente, Vladímir Tatlin creó con sus relieves abstractos una de las primeras formulaciones de lo que se llamaría el constructivismo. Alexandr Rodchenko, tras haber pintado sus tres monocromos (Amarillo puro, Azul puro, Rojo puro, 1918), y El Lissitzky, aprovecharon su conocimiento de la forma para ir avanzando hacia una concepción utilitaria del arte que triunfó también en la Bauhaus en Alemania bajo el impulso de artistas como László Moholy-Nagy o Josef Albers.

OTRAS FORMAS DE ABSTRACCIÓN

En paralelo a la abstracción constructivista se desarrolló una abstracción llamada biomórfica, que nació de las formas creadas por Jean Arp a finales de la década de 1910, retomadas por artistas como Joan Miró y Alexander Calder. En el periodo de entreguerras, Theo van Doesburg, después de haber sido uno de los principales defensores del neoplasticismo, renovó de manera decisiva el arte abstracto al mantener que la creación artística sólo debía estar sometida a reglas controlables y lógicas, excluyendo así cualquier subjetividad. El manifiesto del arte concreto, que publicó en París en 1931, dio lugar a la tendencia del mismo nombre que tuvo un gran desarrollo en Suiza con Max Bill y de Richard Paul Lose, en Francia con François Morellet, y en todas las formas de arte sistemático nacidas después de la guerra. Estas tendencias entraron entonces en competencia con las diversas corrientes tachistas y gestuales (Jean Bazaine, Alfred Manessier, Pierre Soulages y Georges Mathieu, entre otros) que el crítico Michel Tapié reagrupó bajo la denominación de arte informal.

La tradición abstracta conoció un importante renacer en Estados Unidos a partir de finales de la década de 1940 con el Action Painting (Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline) y con el Colour-Field Painting (Barnett Newman, Mark Rothko, Clyfford Still). Estas tendencias fueron desbancadas a partir de 1960 por la aparición del arte minimalista, que marcó un nuevo periodo de interés por la geometría y la estructura mientras que en Europa y Latinoamérica el Op Art y el arte cinético conocían sus horas de gloria (Yaacov Agam, Jesús Rafael Soto, Victor Vasarely, Nicolas Schöfer y Bridget Riley, entre otros). El final de la década de 1960 vivió el desarrollo de una abstracción centrada en el análisis de sus propios componentes, con los grupos BMPT y Support(s)-Surface(s) en Francia, o bien orientada hacia los problemas de definición de la naturaleza de la imagen con Sigmar Polke y Gerhard Richter en Alemania. Las tendencias a la vez neoexpresionistas y neogeométricas que se pusieron de manifiesto durante la década de 1980 mostraron un nuevo periodo de interés por la abstracción, que siguen adoptando numerosos artistas inspirados por las más variadas motivaciones.


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Leyes de Indias



Las leyes de Indias eran las disposiciones formuladas por el Consejo de Indias. A su vez el Consejo era la corporación que velaba por los intereses de las colonias. De sus 21 miembros, la mayoría estaba constituida por antiguos funcionarios de las mismas, de probadas buenas costumbres, nobleza, recordados como personas prudentes y temerosas de Dios. Las reuniones eran presididas por el rey o un representante del mismo.

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Para comprender cualquier hecho histórico, hay que situarse en la época en que se desarrolló. Sirva de ejemplo que con los ojos del actual argentino no se puede concebir ni remotamente que Urquiza a todo el regimiento del coronel Aquino que luchara a favor de Rosas; ordenara cazarlos como conejos y colgarlos, fusilarlos o degollarlos en donde se los encontrara. O que Sarmiento aprobara las acciones del Coronel Sandes, quien después de la batalla de Alto de la Angostura en San Luis, degolló a todos los prisioneros.

Esta pequeña observación obedece al hecho de que eran incomprensibles las Leyes de Indias para las potencias conquistadoras dominantes en la época en que se promulgaran (Inglaterra, Holanda, etc), para quienes la victoria daba todo derecho o apoyados en una ideología calvinista, se creían predestinados a la salvación, considerando a los indios y negros, condenados a fuego eterno. Por lo que existieron gobernadores ingleses quienes para mantener a los naturales en sus trabajos y que no huyeran, les hacían sacar los ojos o el hecho de que todo un pueblo indígena fuera quemado porque a un inglés le faltó en su casa un vaso de plata. Una enciclopedia se podría escribir sobre las atrocidades cometidas en América del Norte.
Las Leyes de Indias tendían principalmente con un sentido de caridad Cristiana: a proteger a los indígenas y hacerles justicia.

La recopilación de las leyes consta de nueve libros subdivididos en títulos y éstos en leyes. El libro 6° señala el objetivo fundamental del tema que trataremos “Trato que se debe dar a los indios”. Parten las leyes del principio evangélico de la dignidad humana, que el indio es un hombre como los demás que tiene un alma redimida con la sangre de Jesucristo destinado a poseer el reino de los cielos; siendo en este sentido igual a su majestad, el Rey – “que las justicias le amparen y defiendan y de ninguna persona reciban agobio”. Pero era la misma España la que los castigaba una vez descubiertos.
Comparemos la obra española con las de otras potencias que opinaban que el indio que servía era el indio muerto sino se dejaba esclavizar y se consideraban predestinados, aseverando que los naturales eran seres condenados por el arbitrio Divino como dijimos.

Se puede afirmar que las Leyes de Indias, eran de una avanzada social y jurídica increíble para su época.

Del espíritu que animó a las leyes y así fueron redactadas, superando incluso el viejo axioma “La letra mata, el espíritu da vida” nos lo demostraron los Papas con su preocupación por los indios. En 1463 Alejandro VI les mandó a los reyes de León y Castilla que enviasen a las nuevas tierras, hombres buenos y sabios para que cristianizacen a los nativos.

La misma opinión compartían los soberanos. Felipe II exhortaba “que se atienda mucho como los corregidores atiendan al “buen trato a los indios”, “Que los indios no sean obligados a hacer ningún trabajo sin paga y que lo hagan libremente”, “que los Virreyes se interioricen si son maltratados los indios y castiguen a los culpables” y el grande Carlos V de España y Carlos I de Alemania, en cuyos dominios no se ponía el sol, mandaba “que las justicias reales, procedan contra los culpables de malos tratamientos y los castiguen severamente”. “que si se ocupa a algún indio en trabajo personal, no sea en contra de sus intereses y que la paga sea con mucha puntualidad en la mano de los jornaleros”.
Para terminar la presente nota nos referimos a la reina que hizo posible la epopeya española de América.

Una de las cláusulas del testamento de la reina Isabel la católica dice así:

“ Quando nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierrafirme del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue al tiempo que lo suplicamos al Papa Alexandro Sexto, de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir y traer los pueblos de ellas, y los convertir a nuestra santa Fe Católica, y enviar a las dichas Islas y Tierrasfirme, Prelados y Religiosos, Clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir a los vecinos y moradores de ellas a la Fe Católica, y los doctrinar y enseñar buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida... Suplico al Rey mi Señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la Princesa mi hija, y al Príncipe su marido, que así lo hagan y cumplan y que este sea su principal fin”.

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Pinceladas de Historia


La República Argentina está constituida por familias que se identifican con determinados símbolos patrios y están unidas por una lengua, historia, tradición y fe. Poseemos un suelo o geografía en donde habitamos, pero puede ocurrir que algunos pueblos pierdan su dominio territorial, mas siguen siendo naciones. Sirva de ejemplo los israelitas en Egipto o los armenios dispersos por el mundo o los croatas obligados a formar parte de una confederación contra su voluntad. Existen y existieron asimismo, naciones que han renunciado a su soberanía como tales o han sido absorbidas o dominadas por otros pueblos o culturas, como algunos estados de América del Norte que han perdido hasta su propio idioma.
La Argentina ex-virreinato del Río de La Plata, formaba parte como todos sabemos del imperio español, pero existían grupos étnicos y modalidades distintas a lo largo y ancho de su territorio. Un sur despoblado, un norte y centro adelantado, culto con muy buena formación y estudio, bien administrado y relacionado con el resto del continente y un Buenos Aires en donde la cercanía del puerto había atraído a comerciantes cosmopolitas que se relacionaban o buscaban unir intereses con los mercantiles autóctonos. Étnicamente encontramos una sociedad con mulatos, negros, indios, un porcentaje todavía interesante de peninsulares (españoles) y una mayoría de criollos. Estos datos servirán para ubicarnos. Existieron ejércitos de morenos que participaron en nuestra independencia y aún después, el regimiento de dos mil indios de lanza que acompañaron a Mitre, etc. Ahora bien, ¿qué unía a estos hombres?. La lengua y la fe. Al ser mayoría los criollos fueron poco a poco ocupando importantes cargos públicos desde el 1700 y aún antes y fueron los que formaron aún sin preparación militar los batallones de paisanos que combatieron y derrotaron a los ingleses en sus frustradas invasiones de 1806 y 1807, hecho histórico inigualable en la época, luchando bisoños contra miles de soldados veteranos y profesionales que atropellaban, saqueaban y derrotaban en todos los continentes. La entrada de los franceses en España, la toma con engaños y encarcelamiento de la corona y los acontecimientos históricos en la madre Patria, hicieron que criollos y españoles unidos por el amor y confidelidad, formaran en América juntas de gobierno en ausencia de legítimas autoridades, para luchar contra los usurpadores franceses. Lo mismo ocurrió en cada rincón de España.
Desaciertos políticos en la Madre Patria, incomprensión de los que lucharon por su rey, unidos a otros factores que forjaron la maduración de la idea de Libertad e Independencia, que germinando con los años, permitió que después de 1810 se llegase al congreso de Tucumán en la histórica declaración de la Independencia.

Publicamos en este número una nota biográfica de Cornelio Saavedra, reproduciendo parte del acta de la Primera Junta:

... “El presidente Saavedra, hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar lealmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro augusto soberano Fernando VI y sus legítimos sucesores y guardar las leyes de Reino”...

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Cornelio Saavedra, Padre de la Patria Argentina

Al referirnos al Brigadier General don Cornelio de Saavedra, lo hacemos considerándolo barón paradigmático de nuestra historia patria.

Sus virtudes, la acción que de ellas procedió, su carácter de raigambre hispano-criollo-católico, el tipo de caballero de intachable honra, su modestia, su fortaleza en el sacrificio y su religiosidad hecha una sola cosa en su vida, encarnan en su persona a la Argentina que Dios amó, desde toda la eternidad, la que fue en el tiempo siempre en guerra contra los factores de la impiedad, la que subsiste hoy en un número de hombres y mujeres que sólo Dios conoce, la que subsistirá hasta la apoteosis final, levantando la cabeza con serenidad en el Día del Juicio.

Nada más extrañó al hombre moderno que este prócer de la Patria. Aquél, invertebrado, un átomo a merced de su sensualidad. Don Cornelio Saavedra, en cambio está constituido desde lo más íntimo por su sangre es descendiente de San Roque González de Santa Cruz y de Hernandarias. Pertenecía a un cuerpo social con “unidad de destino en lo universal”, que es la Patria, y por su conciente y voluntaria ligazón sobrenatural a Dios.
Saavedra es hombre de virtudes intelectuales y morales trabajadas con sencillez y con empeño. Nacido a la vera de la Villa Imperial de Potosí el 15 de septiembre de 1.759, a los ocho años sus padres se trasladan a Buenos Aires. Estudia en el Colegio que fue de San Ignacio y que Vertiz hizo llamar de San Carlos. Cursó las humanidades y las ciencias físicas, graduándose de Licenciado en Filosofía y Teología.
A los 28 años de edad contrajo matrimonio con Doña María Francisca Cabrera. Los empleos con que el Cabildo lo honra en repetidas veces hablan de su reputación como buen ciudadano. Su actuación fue descollante como Administrador de Granos y como Síndico Procurador, quien representaba al pueblo ante el Cabildo. Se destaca su sagacidad en el manejo de los negocios públicos, su equilibrio psíquico, y su amplio humanismo. Para esta época estaba dedicado a las faenas rurales y al comercio.

Cuando llegan las invasiones inglesas, aflora su desprendimiento y valentía. Al cabo de la hazaña de la Reconquista, sin estudios militares, sólo por su capacidad de organización, su fama de hombría de bien y su arrojo, fue aclamado por el cuerpo de Patricios como su primer jefe y comandante.
Ya se acerca el 25 de Mayo de 1.810, el acontecimiento madre de Nuestra Nación, y una sola cosa con la acción de Cornelio Saavedra. Como dice Manuel Belgrano en su autobiografía, fue el pulso con que manejó nuestra revolución Don Cornelio Saavedra, el que le hizo concebir las más lisonjeras esperanzas sobre ella. Desde los preparativos, cuando Saavedra supo moderar a los imprudentes “hasta que las brevas estén maduras” (lo que significaba esperar la completa caída de la autoridad española ante la invasión napoleónica a la península); hasta que, sólo libre Cádiz y la isla de León, da la orden de asalto: “Ahora no hay tiempo que perder”. Se solicita al virrey Cisneros el Cabildo Abierto del 22 de Mayo, para debatir su continuidad. El virrey llama a los jefes militares y pregunta si lo sostendrán como habían hecho con Liniers ante la asonada de 1809. la respuesta de Saavedra muestra todo su genio y agudeza de hombre de inteligencia y acción. Es digna de transcribirse: “”Señor, son muy diversas las épocas del primero de enero del año 1.809, y la de Mayo de 1.810, en que nos hallamos. En aquella existía la España invadida, aunque ya invadida por Napoleón, en esta toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por aquel conquistador excepto sólo Cádiz y la isla de León... ¿ Y qué Señor? ¿Cádiz y la isla de León son España? ¿Este territorio inmenso, sus millones de habitantes han de reconocer soberanía en los comerciantes de Cádiz y en los pescadores de la isla de León?... No , Señor; no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses: hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos. El que a V. E. dio autoridad para mandarnos, ya no existe: por consiguiente tampoco V.E. la tiene ya, así es que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en ella.”

Reunido el Cabildo del 22, durante el curso del mismo afirmó Saavedra: “ y no quede duda de que el pueblo confiere la autoridad o mando”. Su voto por el cese de Cisneros fue seguido por 81 de los presentes. En ese dictamen se fundaba Saavedra sobre la doctrina del Padre Francisco Suárez, que era la que se enseñaba en aquellos tiempos en Córdoba y el Río de La Plata.
Como era natural, sería nombrado Presidente de la Primera Junta, primer gobierno patrio. Por lo tanto es Don Cornelio Saavedra el primer presidente de los Argentinos.
Es bien conocida su actitud federal de llamar y de acoger en la Junta a los representantes del interior, así como la de dirigir un proceso de cambio profundo, con osada determinación, pero sin violencia y sin modificar el derecho que entonces regía; manteniendo la tradición y las costumbres heredadas.
A ello se opondrían las tendencias extremistas encabezadas por Mariano Moreno, con el rigor y el sistema Robespierriano que querían adoptar, a imitación de la Revolución Francesa.
En esas circunstancias el desastre del Ejército del Norte mueve a Saavedra a una extrema decisión, no teniendo otro (norte) objetivo como siempre, que el bien de la Patria, creyendo que su presencia en Perú podía levantar la moral de oficiales y soldados. Apenas llegado a Salta se entera del movimiento que lo ha separado del gobierno y presidencia de la Junta, así como del mando de las tropas. Los diputados de los pueblos fueron echados ignominiosamente. Se había formado el Triunvirato y Bernardino Rivadavia entraba en acción.
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Durante siete años durará la pertinaz inquina con que los Triunviratos, el Directorio y la Asamblea del año 13, persiguieron al Padre de la Patria, y sus durísimas consecuencias. Con un proceso escandalosamente falaz, se le aplicó la pena de proscripción del territorio de las Provincias Unidas, perpetuamente. No había crimen ninguno como materia, “más así estaba acordado y lo habían resuelto las logias masónicas de mis enemigos”. Se le ordenaba presentarse en Buenos Aires donde estaba listo el buque que debía transportarlo a alguna isla o costa desierta. Pero Saavedra resuelve burlar esta última absurda disposición y auxiliado de buenos baqueanos, por caminos de Cordillera, pasó a Chile. Cuando esta nación cae en poder de los realistas, que buscaban a Saavedra, éste vuelve a pasar a nuestro territorio venciendo mil dificultades y abriendo pasos obstruidos por las nieves. No pudiendo entrar en ciudad alguna, en San Juan sin mas auxilio que el de un peón práctico de aquellos lugares, permanecerá dos meses al pie de aquellas heladas cordilleras.
Ansiosa de socorrerlo, su esposa presenta su situación ante el Sr. Don José de San Martín, gobernador de Cuyo, quien al instante de leerla, ordena al Teniente Gobernador de San Juan que pasara Saavedra a residir en su casa con su familia.
Convocado en 1.816 el Congreso de Tucumán, elevó Cornelio Saavedra su clamor ante aquella Soberana Corporación, la que encarga a Pueyrredón la revisión de la causa. Terminada ésta, queda probada la arbitrariedad, nulidad e injusticia notoria del proceso a Saavedra, ordenándose la reposición del mismo a su cargo militar, el abono de todos los sueldos vencidos y la publicación de todo lo resuelto en las provincias.
Restituido en su honor, Saavedra prestará todavía sus honrados servicios como Jefe de Estado Mayor, hasta que a los 29 días de marzo de 1.829, entrega su nobilísima alma a su Creador.


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Cuando Moreno marchó a Europa había dicho que “dejaba larga cola” y así fue, por desgracia. Ella llega hasta el presente transmutada en insolente y degradado materialismo que arrastra toda luz espiritual, verdad o justicia, todo bien material de Nuestra Nación.
Para esto, hay un solo remedio que aplicar. Ante las revueltas que habían perturbado la revolución iniciada tan gloriosamente por él, Saavedra escribe al General Viamonte en célebre carta del 27 de junio de 1.811 que “la falta de religión tiene mucha parte en esto” y recordaba el aserto de Plutarco: “es más fácil construir en el aire un castillo de arena, que fundar una sociedad sin creencia en la divinidad”.
Los que quieran librar la guerra por el bien común moral y material de nuestra Patria, en el campo de la política no pueden olvidar que ésta es obra máxima de la caridad (Santo Tomás de Aquino), virtud sobrenatural infundada por Dios en nuestra alma. Sin buscar la santidad, no se dará el acierto en la acción política, por añadidura.


(1) Memoria Autógrafa, Cornelio Saavedra. Carlos Pérez. Editor. 1969, página 92.

(1) Bibliografía: ídem nota (1)
(2) Cornelio Saavedra Padre de la Patria Argentina, Guillermo Furlong, S. J. Club de Lectores 1960.

(3) Cornelio Saavedra, Ricardo Zorraquín Becú, Revista Trimestral de Historia Argentina, Americana y Española. Homenaje al 150 aniversario de la Revolución de Mayo. 1960.

Nota de la redacción:

Historiadores del prestigio de Guillermo Furlong consideraron como los Padres de la Patria Argentina al General Don José de San Martín, al General Manuel Belgrano y a Don Cornelio Saavedra. Hacemos la presente aclaración para que el lector comprenda el porqué el Profesor Jorge de la Calle, otorga a don Cornelio Saavedra el título de Padre de la Patria.


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Religiosos en la Independencia

 

Con mucho acierto dijo un ilustre argentino que los prohombres de Mayo mientras se emancipaban, de los reyes de España tomaron todas las precauciones para no emanciparse de Dios.
En todos los actos y disposiciones de los varios gobiernos que se sucedieron en aquella época, nada se encuentra que signifique hostilidad contra nuestra religión o sus ministros; al contrario, se nota mucho respeto y acuerdo entre la autoridad civil y la eclesiástica.
“El clero en masa, dice Mons. Bazán, secular y regular, desde los primeros momentos, con entusiasmo y decisión, saludó el grito de la Independencia Argentina, tomó parte en todas sus asambleas populares, puso el hombro a la. sagrada causa de la emancipación, la prestigió y defendió de palabra y con el ejemplo, en la Iglesia y fuera de ella, coadyuvó con sus haberes para sostener el ejército patriota, lo acompañó en la campaña redentora en calidad de capellán, sostuvo con su palabra y consejo a nuestros mejores generales y salvó con su entereza y patriotismo en más de una ocasión la revolución Argentina próxima a fracasar”.
En el Cabildo abierto del 22 de mayo hubo 22 sacerdotes. . En la Asamblea del año 12, ensayo de la del 13, tuvieron representación 15 clérigos entre los 33 diputados que la formaban. En la del año 13 hubo doce sacerdotes, siendo el redactor de las actas Fray Cayetano Rodríguez.
De los 29 congresales que en 1816 firmaron el Acta de la Independencia Argentina, dieciséis eran sacerdotes; uno de ellos, Fray Justo Santa María de Oro, salvó la forma de gobierno republicana.

Otra prueba de la religiosidad del pueblo argentino la tenemos en los diversos ensayos de Constituciones que se fueron efectuando por diversos Congresos o Asambleas, cuyos miembros llevaban la genuina representación del pueblo.

Pues bien: en esas primeras constituciones del país, la religión católica, apostólica, romana, ha sido siempre declarada religión del Estado, y los ataques contra ella, fueron como ataques contra la Nación.

Organización Nacional

Tampoco faltó el espíritu religioso en la época turbulenta de la anarquía, de la dictadura y de la definitiva organización nacional.

La prueba más fehaciente la tenemos en la Constitución del año 1853 y en la actual que es la Carta Magna de la Nación. En ella, después de invocar a "Dios como fuente de toda razón y justicia" se establece que: el "Gobierno Federal sostiene el culto católico, apostólico, romano"; que el "Presidente de la República sea católico, apostólico, romano", y que jure por “Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios”; que se “promueva la conversión de los indios a la religión católica”, etc.

Nuestros próceres y la religión

Los héroes de nuestra Historia fueron profundamente cristianos y tales se mostraron en sus actos, como que procedían de familias cristianas y se educaron en escuelas, colegios y universidades cristianas.
Citaremos tan sólo algunos ejemplos: Uno de los prohombres más religiosos fue el Gral. Manuel Belgrano quien ofreció su bastón de mando a la Virgen de la Merced después de la batalla de Tucumán; destinó una suma de dinero que le había regalado el gobierno, para costear escuelas cristianas; de los colores de la Inmaculada Concepción de María sacó los de nuestra enseña nacional.

El Gral. José de San Martín dio entre otras, estas pruebas de su religiosidad: a) amenazó terribles castigos contra los soldados del ejército de los Andes que hubiesen blasfemado de Dios y su Ssma. Madre; b) puso su campaña liberadora bajo la protección del Cielo; c) entregó solemnemente su bastón de mando, a la Virgen del Carmen.

El infortunado coronel Manuel Dorrego dio testimonio de su fe en diversas oportunidades; recibió los santos sacramentos antes de ser fusilado y murió perdonando a sus victimarios.

Cornelio Saavedra condena severamente un duelo que habían emprendido dos comerciantes ingleses, entre otras razones por ser condenado por nuestra religión.

Mariano Moreno muere durante su viaje a Inglaterra, siendo sus últimas palabras: "Muero en la santa religión de Jesucristo: viva mi Patria aunque yo perezca".

El director supremo del estado, brigadier Don Juan Martín de Pueyrredón era “hermano mayor”de la cofradía del Santísimo Sacramento.

El almirante Guillermo Brown santificaba las fiestas a bordo de su barco; hacía donación mensual de una parte de sus haberes a las monjas catalinas; daba gracias a Dios después de sus grandes triunfos navales.

El gobernador de Buenos Aires general Dn. Martín Rodríguez, pide ornamentos sagrados para habilitar capillas en la nueva frontera.

El gobernador de Salta Don Miguel Martín de Güemes “atribuye a Dios y a la generala del ejército, Ntra. Sra. de las Mercedes”, los triunfos que consiguen sus tropas.

El coronel Domingo French ofreció con una misa cantada las dos banderas de su regimiento y otra tomada a los enemigos en Montevideo, a la Virgen de Lujan en cumplimiento de un voto hecho por el mismo regimiento.

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