Nombre: Luisa
Apellidos: Cabero Cabieses
Dirección: Calle Independencia Nº 377 Dpto.201 – Miraflores
– Lima – Perú
Nacionalidad: Peruana
Edad: 59 años
La Escalera de la Vida
A la vida se le puede comparar con una escalera,
donde a veces se sube, a veces se baja y cuando se está arriba, sólo
para apreciar lo material, el alma queda muchas veces sin tener ya que apreciar
y tedioso es volver a comenzar, trabajando nuevamente sin descansar.
Pero diferente es escalar, para llegar a comprender lo que significa lo inmaterial
y aunque se suba y se baje, el alma irá encontrando el sentido a su
triste vida. Pero cuando la halla, estalla de alegría al cambiar el
estado de su vida, quedándole sólo la triste pena por las demás
almas, que se quedan sin ver lo que esta alma ve.
Y ahora ya no quiere ver nada de lo que la enfermó, porque triste es
la que vive atormentada, como si nadara sin agua, quedando solamente en el
vacío. Pero la que puso atención aprendió a distinguir
bien, porque escuchó con el oído profundo lo bueno y lo malo
y ahora sólo busca vivir en una mejor morada, porque ya discierne lo
que le conviene.
Y aunque siga todavía subiendo y bajando, lo importante es que entendió
el significado de este reino celestial y sólo piensa en amanecer temprano,
para volverlo a ver desde su interior.
Y sin darse cuenta va dejando la vida material, donde sólo se trabaja
para alimentar la vanidad, la cuál está muy lejos de que se
pueda crecer en espiritualidad y así el alma seguirá creciendo
hasta que ya no vuelva a subir y a bajar, porque sabrá ya lo que real-mente
desea, dejando la escalera que le sirvió mientras pensaba en la tierra.
Y por haber visto después con otra visión superior, eso le sirvió
para subir a la espiritualidad, llegando a la eternidad.
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Soledad, Triste Soledad
¡Soledad, triste Soledad! Por qué
tuviste que escoger la vida del desierto, donde no hay luz que te pueda alumbrar,
ni agua para que puedas saciar la melancólica sed que llevas por dentro.
Y por no poder comunicarte con todo caminante, sufres el flagelo del silencio
que da el infierno, donde se llora y se rechina el diente y nadie escucha
ni entiende.
¡Soledad, triste Soledad! Ahora sólo te queda llorar, porque
a tiempo no pudiste apreciar el beso que te daba el corazón y tú
sin creer lo que éste te ofrecía, te embriagaste con tu propio
veneno, al sentirlo ajeno.
¡Soledad, triste Soledad! Como quisiera que tu tristeza alargue su mano,
para que te arranque el vestido de miseria, el que te avergüenza y hace
que no puedas apreciar tu verdadero sentimiento, para que te devuelva la hermosura
que un día tuviste por figura.
¡Soledad, triste Soledad! Pero cuando te alumbre alguna estrella, verás
el equivocado camino que te dio este funesto destino, que calló inhumanamente
al no sellar en tu mente, la verdadera identidad que te iba a dar la vida,
si la hubieses vivido con seriedad, honestidad y con la confianza de poder
levantar la cabeza, por haber adquirido espíritu de entereza. Pero
cuando te llegue la luz dejarás de llorar, interpretando cada actitud
de todo errado pensamiento y no entristecerás ni si-quiera cuando alguien
te abrace, sin comprometer su sentimiento.
¡Soledad, triste Soledad! Ahora que me escuchas con gran atención,
porque deseas ser mi amiga, sería mejor que cambiara tu parecer, porque
sino ya no habrá nadie que te diga ¡mira, ahí va la alegría!
y no me podrás ver, si insistes en cubrirte con lo mismo. Pero cuando
te llenes con la luz del día, entonces sabré que así
lo hiciste, porque hay momentos que meditar contigo se desea, como muchas
cosas más.
¡Soledad, triste Soledad! Ahora sólo te queda mirarme, para que
te puedas cubrir con mi vestido de luz y así comenzar de nuevo a caminar
en este andar, hacia Aquél que nunca te hará esperar. Y no habrá
ya nadie ni nada que nos pueda separar.
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La Noche
Como quisiera yo hablarle a la noche si me
contestara, pero el silencio que es mudo, no puede expresar lo que la noche
quisiera manifestar, porque no fue instruida a tiempo.
Oh noche, que bella te pondrías si tú hablaras, tus ojos como
dos huecos profundos, son más oscuros que el mismo abismo y los apreciaría
si al hermosearse me dieran luz, para aquilatar lo que llevan por altar, si
trataran de meditar desde más adentro.
Y si abrieras tu boca sedienta como manantial sin agua, no sabrías
que decir y por tu terquedad, al no saber qué dar, sólo te queda
fingir, para aparentar lo que te hace tartamudear.
Oh noche, como desearía yo que amanecieras con la luz mía y
tu compañía ya no sería la penumbra sino la otra, la
que alumbra, la que sabe hablar y la que te puede ayudar a caminar.
Y como algo mágico, quitando todo lo trágico, te levantarás
y me llamarás día, cuando me reconozcas como tu mejor compañía.