I
Desperté en la oscuridad.
De la oscuridad he salido.
Me encandiló tu claridad
Y se encendió mi olvido.
En tu mundo vivo.
Cuánta serenidad
de mí ha surgido.
Vibración
de mar embebido
en vino
absorbieron mis venas,
despertando mis sentidos.
Por
ti existo,
por ti voy,
y en ti, Yo Soy.
Metafórico.
¿Quién
podrá entenderlo?
¿Quién podrá creerlo?
Tus
secretos,
tus misterios
Adentrarse en lo profundo
de la oscuridad y luz de tu universo.
Me
colma desesperación.
Y necesito explicar;
palabras incompresibles
describen tal verdad.
II
Tanto tiempo que te veo
y tu suave voz me desmaya;
difícil es mantener distancia
cuando te amo y te venero.
¡Sujétenme
que es veneno!
Y a la vez es ¡tan bueno!
enfrentar estas circunstancias:
Mil
cosas hago para olvidarte
porque aún estás lejos,
mas, en mis pensamientos,
se acorta la distancia.
Diviso
acercar tu cuerpo.
¡Más te quiero!
Y al punto de mi depresión,
¡más te deseo!
Tu
piel blanca me provoca,
Tu piel negra me extasía
Tus curvas me motivan
Y me derrite el soplo de tu boca.
Tus
ojos son envidiables
Tus tiernos labios sensuales,
Tu largo cabello me enreda;
es el meneo de cada parte de tu cuerpo
que hace arder mis sentidos,
y te invito a que me hables.
Tu
cuello me impulsa a besarlo.
Tus senos cual gamuzas
incentivan mis miradas
Y las curvas de tus posaderas
me provoca acariciarlas.
Tus
piernas de gacela
¡maravilla de mi orgullo!
Serás mí, toda mía;
amante, esposa, y amiga.
Diviso
acercar tu cuerpo...
¡Más te quiero...
Y al punto de mi depresión...
¡más te deseo!
Si me dices que sí,
te amaré en este instante;
apróntate que te poseo.
Si
me dices que no,
no descansaré hasta lograrte;
apróntate, que te poseo.
J.
J. Hernández