“Hábitos Azules”
(a Teresa)

Cubierta con hábitos del cielo, cofia de reina,
vivió con denuedo la demanda de un guerrero.
En su imagen frágil y pequeña, el fuego de
Dios ardió en sus venas.
Su palabra, prédica de incesante entrega
en su incansable andar de peregrina,
la excelsa historia que recorrió la tierra.

Como el trigo besando los campos,
inclinó su cuerpo,
no desnudó su rostro a las penas.
En el excremento de los tachos sucios,
encontró al nacido para darle aliento,
sus brazos desnudos formaron una cuna,
y en su pecho el latido de la vida.

Sobre frías veredas, un gemido la llamaba,
Madre... madre!. Sus manos eran almohadas,
en sus frentes moribundas, el rosario,
un escapulario de dulces plegarias,
esencia con olor a nardos,
de un Cristo gigante que la acompañaba.

En los comedores, con sabor a manjar se consumía,
las camas, con blancas sábanas flotaban,
el dolor de Calcuta convertido en alegría,
el siglo casi extinguido vió partir tu corazón cansado!.
Al Dueño del Amor que en ti vivía,
le llevaste el contrato concluido!.


Leonor Italiani