La
Enfermera

enfundada
en tu uniforme blanco,
entre
las camas que al dolor ofrecen
sosiego
y paz en la hora aciaga.
Cuando
el feto lacera las entrañas
con
vehemencia, asomándose a la vida,
con
ternura de madre, entre sus brazos,
la
enfermera recoge su vagido
Y
a pesar de las muchas amarguras,
que
a menudo la vida le depara,
la
enfermera se olvida de sus penas
y
brinda, al infeliz, ternura humana.
Suave
como el soplo de la vida,
en
silencio, se desliza la enfermera
entre
las camas cándidas y dispensa
su
amor de madre y su sonrisa buena.
Cuando
después de noches de vigilia,
la
vida se le escapa de las manos,
la
enfermera, muy cerca del “mugiente”,
brinda
consuelo con amor cristiano.
Cuando
el sol se oscurezca ante tus ojos
y
el mundo siga inmenso en su rutina,
ahogando
el llanto que le oprime el pecho,
la
enfermera, tan solo es heroína.
General Alvear, 23/09/2000
Margarita Cipolla de Salonia