
El que no ama a los niños no puede alcanzar la salvación.
De ellos es el reino de los Cielos, y sólo siendo como niños
gozaremos de la bienaventuranza eterna.
El alejamiento del amor del Señor, hace que vivamos una etapa de la
humanidad cuyo signo es el odio a los niños. Ese odio que se manifiesta en el
exterminio sistemático por el aborto. Odio mediante la explotación de menores,
en todas las formas aberrantes inimaginables. Odio satánico a todo lo que ha
sido creado a imagen y semejanza del Señor.
Vivir la ley del Señor, es tener la mirada pura de los niños; el
corazón humilde, limpio y generoso del niño; la confianza ilimitada del niño;
el amor sin límites del niño,
Debemos imitar
a los niños, en su interioridad, porque de esa forma podremos alcanzar de
alguna forma a conocer como eran nuestros primeros padres, Adán y Eva, antes de
cometer el pecado original.
En la limpieza de corazón, está la clave para ver al Señor. El
espiritualmente puro tiene la intimidad con las tres Divinas Personas.