Calma...
En mi habitación, el silencio orada,
me inunda de paz el alma.
Pequeñas ondas acarician la playa.
Bajo un cielo de azul, recién pintado,
destacan gaviotas, que planean mansas.
Con un fondo de reino omnipotente,
Júpiter y Juno, protegen la estampa.
Estampa de recuerdos, estampa de mar,
de sueños profundos que sueñan
quienes sin alas, pueden volar.
A lo lejos, en la profundidad del día claro,
un espacio de intensa paz,
donde el espíritu se regocija,
cual presencia fantasmal.
Mi cuerpo cae de rodillas,
con devoción ardiente,
ante el santuario majestuoso
de la creación divina,
donde todo es perfecto:
el día y su conjugación excelsa
de cielo, tierra y mar.
En inocente retrospección
me inundo del placentero regocijo
producido por el cristal calmo y sereno
que ondea acariciando la playa.
Calma...
El silencio se inunda de ruidos,
Y en mi continúa la calma.
1º Premio – Categoría D
Certamen “Renacer Literario”