Te
admiro y me admiro, mujer.
Sos
siempre el palenque y la ruta.
El
pecho y el abrigo, la lágrima y el
pañuelo.
La
flor, el perfume. El vaso de agua
que
calma la sed y con tu silencio la reserva
que
acompaña
Eres
pájaro en vuelo. Mariposa de color
que
alguien atrapa para consuelo.
Viajera
incansable aún con el pensamiento.
Soñadora
inquieta, aún despierta.
Mujer
en la lucha, mujer en la paz.
En
la sombra y en la luz.
Juntas
para formar un nido enorme.
Desde
allí escapará la tibieza de sus
plumas
para unirnos por siempre, jamás.
Aquí
en esta Mendoza amiga en un
abrazo
eterno.
Publicado
por el Diario Los Andes 17/10/2004